En estos días los colegios profesionales de médicos, enfermeros, farmacéuticos, dentistas y veterinarios me piden en una misiva que se rinda homenaje a la sanidad privada en el nuevo nombre de la antigua Avenida de Juan Carlos I, la ‘Avenida Nueva’. Argumentan que los profesionales sanitarios del ámbito privado se pueden sentir excluidos del nuevo nombre de una de las principales vías de la ciudad. No me gustaría dejar sin respuesta la iniciativa de tan amplio sector de colegios profesionales de la ciudad por los que profeso un profundo respeto y consideración y ese es el motivo por el que escribo esta breve tribuna.
El argumento que los colegiados esgrimen para incluir a la privada en el nuevo nombre de la Avenida es que de llamarse como se ha aprobado, Avenida de la Sanidad Pública, se comete un “agravio comparativo” con los profesionales de la sanidad privada, con los dentistas, los veterinarios, los farmacéuticos, etc. Es por ellos que estos colegios oficiales proponen la alternativa de ‘Avenida de las Profesiones Sanitarias’. Vaya por delante mi profunda admiración y respeto por todos los profesionales, públicos o privados, pero no va de eso la cosa.
Nada más lejos de la intención de la propuesta aprobada en el Pleno Municipal y elevada por una iniciativa que llegó a agrupar a más de 4000 personas en redes sociales, que agraviar ni excluir a nadie. De hecho, el homenaje permanente que rinde la nueva nomenclatura no es solamente a las y los profesionales de la Sanidad Pública, que también y de forma muy especial, sino al conjunto del Sistema. Las personas que trabajan en la sanidad pública han sido y son la primera línea de la lucha contra el Cóvid. Son quienes han expuesto más su salud y se han dejado más vidas en el camino por el incomparablemente mayor volumen de pacientes a quienes atienden, su público objetivo es toda la población de este país, y por el indiscutible papel protagonista que están asumiendo durante la confrontación de la crisis. Pero el homenaje del nuevo nombre no les incumbe sólo a ellas y ellos (y aquí el femenino no es una formalidad), el homenaje hace referencia al conjunto del Sistema Sanitario Público. Es un homenaje al conjunto de la sociedad que hace posible con sus impuestos y su trabajo que absolutamente nadie se quede fuera de atención sanitaria.
Vivimos en una sociedad donde cada vez más familias tienen dificultades para pagar alquileres imposibles, hipotecas, facturas de la luz y del agua, alimentación, vestido, material escolar, pero ninguna de ellas tiene que hacer cuentas para llevar a los niños al pediatra, para operar a la abuela de la rodilla o para tratarse un cáncer. Según una revista médica que publica datos de 2020, una simple consulta médica en Estados Unidos ronda los 100 €, 300 € si es de un especialista, 500 € un análisis de sangre, 1000 € una resonancia magnética o 50.000 € una operación de apendicitis. Aquí debemos sentirnos orgullosos de un sistema que permite que gracias a la solidaridad, a la voluntad de supervivencia colectiva y al amor por la igualdad social que nadie se quede sin asistencia sanitaria por motivos económicos. Con una mochila pesada de recortes de los que aún no nos hemos recuperado y de restricciones a la universalidad, las bases del sistema están ahí y merecen un homenaje. Y ¿quiénes hacemos posible ese milagro cotidiano? Todos y todas. El dentista, la farmacéutica, el panadero, la frutera, el enfermero y la desempleada, porque hasta cuando compramos una barra de pan estamos pagando impuestos que permiten el sostenimiento de la Sanidad Pública. Todas y todos los que no tenemos cuentas en Suiza, claro está. Por eso, estimados representantes de colegios oficiales de médicos, enfermeros, dentistas, farmacéuticos y veterinarios de Cádiz, nadie debería sentirse excluido ni agraviado por el auto homenaje que nos hacemos dedicando una de las principales vías de la ciudad a la Sanidad Pública.