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Diario de Barrios

El Mentidero: punto de encuentro entre su cruz y el cante

“En el Barrio del Mentidero, las tabernas profundas y el cante”, escribió Quiñones en un verso. Este es el Mentidero: una plaza rectangular como epicentro que preside una fuente, bares y comercios diversos en sus laterales. Vida en sus bancos y gente que se concentra en torno a la conversación. Sus costados lo limitan la Alameda y el Falla. En tierra, Mina y San Antonio. Mientras que el Parque Genovés marca su frontera antes de llegar al Atlántico. El Mentidero, zona de viejos huertos antes de su construcción en el siglo XVIII. El Mentidero que huele a tinta y papel desde la calle Ceballos, linotipias, máquinas de escribir, fotos en sepia y la vieja redacción del Diario de Cádiz. El Mentidero, donde impusieron una cruz, La Cruz de la Verdad. La desafió la gente que la rebautizó como La Cruz de la Mentira, por el charloteo constantes, la información difundida y las medias verdades y, para quedar en punto muerto, se quedó por siempre con el nombre del Mentidero. Hay lugares de paso. Este es de estancia.

Es estancia su farmacia, abierta desde hace 187 años. Es de estancia para sus vecinos y vecinas que cuentan con orgullo que aquello era punto de encuentro para hombres con sombreros, que contaban noticias y fábulas. Faroleo y cotilleos. Aquella costumbre sobrevivió a las décadas y aún hoy en las tardes de inviernos y las noches de verano, la gente del Mentidero sigue reuniéndose en torno a la charla. Y fue de estancia también para uno de sus vecinos más ilustres: El Beni de Cádiz, al que dieron por muerto una vez en los periódicos de Madrid y la única realidad es que se encontraba refugiándose en su barrio. El barrio que lo vio nacer y hoy lleva con orgullo su nombre en una calle.

El Mentidero sobrevivió a un aparatoso incendio de su droguería en la década de los 60. Aún lo recuerdan. También a la droga, al abandono de la plaza, al despilfarro innecesario de dinero público que debía invertirse en la dinamización del barrio pero, en su lugar, se construyó una pérgola obsoleta de millones de euros. Y, por suerte, al último problema del que alertaban: las viviendas turísticas que expulsaban a las familias. Por eso, fue una de las zonas donde más se celebró -junto a La Viña- la ordenanza que regula la turistificación.

Lo ha hecho gracias a un tejido vecinal que es referencia. Capaz de encabezar la organización de fiestas en Carnavales, cabalgata en Navidad, fútbol y deporte para sus niños y niñas, así como diferentes actividades desde cruces de mayo, juanillos, baile y pintura. Ya están dándole vueltas a las siguientes iniciativas.

También se ha respondido a demandas como la necesidad de que su cole público, el Carlos III, tuviera un camino seguro a la entrada y salida de las clases. O las obras de mejora de las canalizaciones de toda la red de suministro del barrio, el nombre de la calle para el Beni, la zona de skate en Santa Bárbara o el Parque Canino. Además del nuevo Teatro del Parque que llenará de vida la primavera y los veranos del barrio.

Aun así, queda. Quedan pendientes dos proyectos fundamentales: Valcárcel como facultad de Educación y la recuperación del Casino Gaditano con una vocación pública y de barrio. Lugares que se complementarían con la peatonalización completa de la plaza y algún parque infantil en uno de sus espacios colectivos. Así lo sugiere el tan activo tejido vecinal.

El Mentidero. Dos pulmones verdes. Balcones al Atlántico. Mirada a la Bahía. Teatro del cante y la irreverencia popular. Y plazas donde se desarrolla la infancia, se crece y se hace en torno a lo colectivo y lo común. En una sociedad donde cada vez es más difícil ver a los niños en la calle, este barrio presume de tres plazas donde no hay tarde sin que se escuchen las carcajadas limpias e infantiles. Hay lugares en el mundo, muchos, que son de paso. En el Mentidero es obligatorio pararse.

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